25 de febrero de 2012

Rien (1/-)

El reloj no pasaba de las nueve y media de la mañana, la ciudad estaba empezando a desperezarse, un hombre trajeado de azul, sin abrigo, llevaba un maletin de cuero negro y una sonrisa estampada en su cara, destacando entre las caras inexpresivas y la horda de gente con abrigos protegiendose del frio que caminaban calle arriba y calle abajo.

El hombre del traje azul no tardo en entrar en un banco modesto de la ciudad y ponerse a la cola de una de las dos ventanillas, habia un par de clientes mas, nadie se fijaba en nadie, todos estaban inmersos en sus asuntos, no tardaron demasiado en atendere, tampoco su expresion feliz cambio de su cara durante esos minutos, el cajero de la ventanilla dijo:

- Adios señor, el siguiente por favor

El hombre de azul, avanzo mas alla de la linea de "espere su turno aqui" dejo su maletin en el suelo y sin perder su sonrisa se dirigio al cajero.

- Buenos días

- Buenos días ¿en que puedo ayudarle señor?

- Quería retirar fondos de mi cuenta

- ¿Puede facilitarme su numero de cuenta?

- 4815 1623 42815

Sin apartar la mirada de la pantalla tecleo el numero esperando ver los datos del desconocido que tenia delante.

- Vale, veamos aqui esta, Señor Rien, ¿cual va a ser la cantidad a retirar?

- Todos los putos fondos del banco

No habia terminado la frase cuando ya estaba apuntando al cajero con un arma corta justo en la frente, el sonido del disparo enmudecio a todo el banco, nadie reparo en el sonido del golpe seco del cuerpo sin vida del cajero contra el marmol del suelo.

Sin perder durante un instante su sonrisa se giro hacia la gente que habia en el banco y gritó.

- Señores clientes, esto no es un atraco, no obstante, si me hacen el favor de sentarse en el suelo y pegados a la pared, se lo agradeceré.

No era un banco importante de la ciudad, era pequeño apenas habia unas 10 personas en el banco, algunos lloraban, otros seguían mudos desde el disparo, el hombre armado vestia un traje azul, se giro hacia el otro cajero que mantenía su mirada fija en su compañero tendido en el suelo, mientras el charco de sangre casi llegaba ya a su zapato.

- Si aun no has pulsado la alarma silenciosa, por favor, hazlo

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